El diario "La Nacion" publico hoy una tribuna del analista internacional André Grimblatt Hinzpeter “En cada puerto / una mujer espera” . Titular de la doble nacionalidad, esté analista nos deja una visio muy "lyrique" de la relacion entre los dos paises :
" Hace algunos días, el Partido Socialista francés optó, tras elecciones primarias, por el abanderamiento de la primera candidata a la Presidencia de la República francesa: Ségolène Royal.
Se llamaba Marie-Ségolène y optó por cambiar oficialmente su nombre hace ya varios años. Nació en Dakar, Senegal, y en plena juventud se trasladó a Francia en donde cursó sus estudios en la prestigiosa Ecole Nationale d’Administration (ENA), la misma que diplomara al actual Presidente Jacques Chirac. Hija de un coronel de artillería que consideraba que las mujeres no debían dedicarse a los estudios, sino a las labores domésticas, Ségolène se vio involucrada en su primera lucha por la libertad y por el derecho de las mujeres a muy temprana edad.
Motivada para ingresar a la ENA, intentó inscribirse en los cursos propedéuticos que preparan al examen de admisión, cuya tasa de selección es una de las más inaccesibles del planeta. Aún menor de edad, debió enfrentar la oposición de su padre para que siguiera estudios superiores, por ser mujer. Sin chistar, la joven Royal demandó a su padre ante los tribunales, obteniendo una pensión alimenticia y, por supuesto, la firma del juez para ingresar a la educación superior. De su primer combate nació la luchadora feminista que todavía persiste en su personalidad de 53 años.
Chile y Francia son mis dos países, realidad que comparto con varios miles de compatriotas que se vieron obligados a beneficiar de la protección francesa en ese período difícil de nuestra historia. Ambos países han conocido episodios similares a lo largo de los últimos 40 años. Chile fue el primero que llevó al Gobierno a una coalición social-comunista por la vía del sufragio universal.
Es importante recordar el compromiso de François Mitterrand en la campaña del Presidente Salvador Allende, que se tradujo en dos visitas a nuestros país en plena preparación de las elecciones presidenciales de 1970. El 4 de marzo de 1973 ambos países vivieron de modo simultáneo elecciones parlamentarias obteniendo algo más de 43% la Unidad Popular y alrededor de 49% la “Union de la Gauche”. El 10 de mayo de 1981 Mitterrand recibía de manos del Presidente Valéry Giscard-d’Estaing el símbolo de la Presidencia que en Francia es el control del sistema nuclear de defensa. El 14 de julio de 1989 invitó a más de cien jefes de Estado a un almuerzo en el Palacio del Elysée para celebrar el bicentenario de la República. A su diestra estaba, representando a todos los chilenos y a pesar de las protestas oficiales, la señora Hortensia Bussi viuda de Allende.
Hoy, nuestra hija de general de la Fuerza Aérea de Chile obtuvo desde el inicio de su campaña hacia La Moneda el apoyo de la hija de coronel, y también visitó nuestro país para estar junto a la candidata.
Michelle Bachelet recibió del Presidente Ricardo Lagos la banda presidencial convirtiéndose así en la primera mujer que asumiera la máxima magistratura en el país. Ségolène Royal es ya candidata oficial a la Presidencia francesa y las encuestas la dan ganadora de los comicios del próximo año. Probablemente recibirá en mayo el símbolo del poder de manos del Presidente Chirac, convirtiéndose así en la primera mujer Presidenta de la República francesa.
Mis dos países han caminado, tal vez sin darse cuenta, juntos por la historia de la humanidad. Todo esto, sin mencionar el apego de Bernardo O’Higgins y, sobre todo, de José de San Martín a las campañas napoleónicas ni la enorme herencia cultural que nuestra diplomacia le debe a la estructura francesa de política exterior ni la doble nacionalidad de Vicente Huidobro ni el pasaporte chileno que Pablo Neruda se robó en el Consulado de París para salvar la vida de Maurice Thorez, uno de los pilares de la resistencia armada al nazismo, que paseó por las calles de París y Lyon orgulloso de su nueva nacionalidad mientras reorganizaba al grupo de hombres que no aceptaba al invasor.
Tampoco hacemos mención del enorme apoyo que desplegó Francia en los tiempos del flagelo, el crimen y la millonaria corrupción ni el compromiso humilde y desinteresado de algunos mártires entre los que se destacan André Jarlan, que vino a dejar su osamenta en Santiago, convencido de que, como dijera Ernesto Cardenal “no era Dios un Dios amigo de los dictadores”.
Chile tiene su primera mujer Presidenta. Francia la tendrá en mayo. De nuevo la historia de mis dos naciones se cruza, se mezcla y se entrelaza en una vía que busca el mismo norte.
Es, creo, importante que volvamos nuestra mirada hacia esa lejana república donde siempre ha habido un lugar en la buena mesa para nosotros y en donde siempre hemos sido valorados, respetados y entendidos, en las duras y en las maduras.
Nuestra nación tendría mucho que ganar si respondiera de la misma manera y buscara a crear mayores acuerdos comerciales, académicos y tecnológicos con ese gran país que como una sombra camina junto a nosotros desde nuestros inicios. "
Se llamaba Marie-Ségolène y optó por cambiar oficialmente su nombre hace ya varios años. Nació en Dakar, Senegal, y en plena juventud se trasladó a Francia en donde cursó sus estudios en la prestigiosa Ecole Nationale d’Administration (ENA), la misma que diplomara al actual Presidente Jacques Chirac. Hija de un coronel de artillería que consideraba que las mujeres no debían dedicarse a los estudios, sino a las labores domésticas, Ségolène se vio involucrada en su primera lucha por la libertad y por el derecho de las mujeres a muy temprana edad.
Motivada para ingresar a la ENA, intentó inscribirse en los cursos propedéuticos que preparan al examen de admisión, cuya tasa de selección es una de las más inaccesibles del planeta. Aún menor de edad, debió enfrentar la oposición de su padre para que siguiera estudios superiores, por ser mujer. Sin chistar, la joven Royal demandó a su padre ante los tribunales, obteniendo una pensión alimenticia y, por supuesto, la firma del juez para ingresar a la educación superior. De su primer combate nació la luchadora feminista que todavía persiste en su personalidad de 53 años.
Chile y Francia son mis dos países, realidad que comparto con varios miles de compatriotas que se vieron obligados a beneficiar de la protección francesa en ese período difícil de nuestra historia. Ambos países han conocido episodios similares a lo largo de los últimos 40 años. Chile fue el primero que llevó al Gobierno a una coalición social-comunista por la vía del sufragio universal.
Es importante recordar el compromiso de François Mitterrand en la campaña del Presidente Salvador Allende, que se tradujo en dos visitas a nuestros país en plena preparación de las elecciones presidenciales de 1970. El 4 de marzo de 1973 ambos países vivieron de modo simultáneo elecciones parlamentarias obteniendo algo más de 43% la Unidad Popular y alrededor de 49% la “Union de la Gauche”. El 10 de mayo de 1981 Mitterrand recibía de manos del Presidente Valéry Giscard-d’Estaing el símbolo de la Presidencia que en Francia es el control del sistema nuclear de defensa. El 14 de julio de 1989 invitó a más de cien jefes de Estado a un almuerzo en el Palacio del Elysée para celebrar el bicentenario de la República. A su diestra estaba, representando a todos los chilenos y a pesar de las protestas oficiales, la señora Hortensia Bussi viuda de Allende.
Hoy, nuestra hija de general de la Fuerza Aérea de Chile obtuvo desde el inicio de su campaña hacia La Moneda el apoyo de la hija de coronel, y también visitó nuestro país para estar junto a la candidata.
Michelle Bachelet recibió del Presidente Ricardo Lagos la banda presidencial convirtiéndose así en la primera mujer que asumiera la máxima magistratura en el país. Ségolène Royal es ya candidata oficial a la Presidencia francesa y las encuestas la dan ganadora de los comicios del próximo año. Probablemente recibirá en mayo el símbolo del poder de manos del Presidente Chirac, convirtiéndose así en la primera mujer Presidenta de la República francesa.
Mis dos países han caminado, tal vez sin darse cuenta, juntos por la historia de la humanidad. Todo esto, sin mencionar el apego de Bernardo O’Higgins y, sobre todo, de José de San Martín a las campañas napoleónicas ni la enorme herencia cultural que nuestra diplomacia le debe a la estructura francesa de política exterior ni la doble nacionalidad de Vicente Huidobro ni el pasaporte chileno que Pablo Neruda se robó en el Consulado de París para salvar la vida de Maurice Thorez, uno de los pilares de la resistencia armada al nazismo, que paseó por las calles de París y Lyon orgulloso de su nueva nacionalidad mientras reorganizaba al grupo de hombres que no aceptaba al invasor.
Tampoco hacemos mención del enorme apoyo que desplegó Francia en los tiempos del flagelo, el crimen y la millonaria corrupción ni el compromiso humilde y desinteresado de algunos mártires entre los que se destacan André Jarlan, que vino a dejar su osamenta en Santiago, convencido de que, como dijera Ernesto Cardenal “no era Dios un Dios amigo de los dictadores”.
Chile tiene su primera mujer Presidenta. Francia la tendrá en mayo. De nuevo la historia de mis dos naciones se cruza, se mezcla y se entrelaza en una vía que busca el mismo norte.
Es, creo, importante que volvamos nuestra mirada hacia esa lejana república donde siempre ha habido un lugar en la buena mesa para nosotros y en donde siempre hemos sido valorados, respetados y entendidos, en las duras y en las maduras.
Nuestra nación tendría mucho que ganar si respondiera de la misma manera y buscara a crear mayores acuerdos comerciales, académicos y tecnológicos con ese gran país que como una sombra camina junto a nosotros desde nuestros inicios. "