4/16/2007

Muerto de envidia !

A menos de una semana de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, hay un tema que a muchos de los chilenos que hacemos parte de esta red de amistad francochilena nos provoca no poca envidia. Para agravar las cosas, al mismo tiempo que los franceses « del exterior » -incluyendo obviamente a los que viven en Chile - se preparan para votar el próximo domingo, los chilenos del exterior debemos contentarnos con cruzar una vez más los dedos esperando que este martes 17, la Cámara de Diputados se digne reparar por fin la porfiada anomalía que priva a miles de chilenos de su derecho a voto.
Los mejores representantes de nuestros valores Una riqueza tanto para nuestra Nación como para el país que os acoge. Es en esos términos que los dos principales candidatos a la presidencia, Segolène Royal y Nicolas Sarkozy, se han referido estos últimos meses al millón y medio de franceses que viven fuera del país. De ellos, 941.364 están inscritos y van a participar en la presente elección. Naturalmente, una tal cantidad de votantes no ha dejado indiferente ni a los principales candidatos ni a la prensa francesa. De hecho, el diario Le Monde, en general poco dado al sensacionalismo, no vaciló en darle a una de sus crónicas sobre el tema el titulo siguiente : los franceses del extranjero pueden decidir el escrutinio.
El titular es seguramente exagerado. Pero la importancia y la solemnidad que tanto Royal como Sarkozy le dieron a sus emblemáticos encuentros con los franceses de Berlin y de Londres, muestra hasta qué punto la sociedad francesa mira más que nunca a sus ciudadanos expatriados como sus « mejores representantes » (S. Royal), como "una avanzada de Francia en el mundo" (F. Bayrou) o como una « carta ganadora en un mundo cada vez más interdependiente » (N. Sarkozy).
Es un hecho que la mayoría de los franceses del exterior vota tradicionalemnte por los partidos de derecha y la extrema derecha. En la primera vuelta de las presidenciales del 2002, la votación se repartió en un 30,54 % para Jacques Chirac, 22,75 % para Lionel Jospin y 6,49 % para Jean-Marie Le Pen. Obviamente, el predominio derechista no ha llevado a la izquierda francesa a buscar subterfugios para buscar la manera de impedir el voto de los "expatriés".
Estrechez mental y revanchismo
No pasa lo mismo por el lado de nuestra larga, angosta y prolífica faja de pequeñez política, Sabido es que tanto los vacilantes (RN) como los opositores (UDI) a la idea de hacer lo necesario para que los chilenos del exterior podamos votar, se han dedicado a sacar ridículas y pequeñas cuentas que los han llevado a concluir que lo más probable es que la mayoría de los chilenos del exterior sean de izquierda. Conclusión : derecho a voto por ningún motivo.
Curiosos personajes éstos que legislan en función de la postura política de quienes pudieran beneficiarse con una ley. ¿Ignoran estos « salvadores de la democracia » que la Constitución aprobada por ellos mismos garantiza « la igualdad ante la ley », determina que « ni la ley ni autoridad alguna podrán establecer diferencias arbitrarias » y establece que el derecho de sufragio -inherente a todo ciudadano- solo se suspende « por interdicción en caso de demencia » ; « por hallarse la persona procesada por delito que merezca pena aflictiva o por delito que la ley califique como conducta terrorista o por haber sido sancionado por el Tribunal Constitucional »
¿En cual de esos casos se encuentra la suspensión de nuestro derecho a votar ?
Enceguecidos por el revanchismo y la impotencia para conquistar el poder jugando limpiamente las reglas del juego democrático, sacan cuentas pequeñas y muy mal sacadas sobre la orientación política de los chilenos que viven el exterior. Para ellos, se trata esencialmente de indeseables exiliados izquierdistas que no volvieron, de sus familias y de sus hijos que, de seguro, son « cortados por la misma tijera ».
Para ellos no hay fuera de Chile ni estudiantes, ni becarios. No hay chilenos que partieron a probar suerte, ni profesionales cuyas competencias se exportan tanto como el vino o los salmones. Tampoco hay chilenos alejados del país para cumplir misiones diplomáticas, políticas, económicas, culturales y hasta militares.
Muerto de Envidia
Por todo eso y mas allá del derecho a voto, me da envidia sobre todo ver como trata Francia a sus emigrantes. No todo es perfecto, ni mucho menos. Pero qué duda cabe. Este país siente que crece, se agranda y se enriquece con los cientos de miles de franceses que día a día, vehiculan valores, promueven negocios, cultura y relaciones más estrechas que las que puede crear el más generoso tratado de libre comercio.
Francia cuenta con sus expatriados y se los hace sentir. Y si lo hace no es porque los franceses « la lleven » o todo sea perfecto. Es simplemente porque más allá de una tradición de respeto de esa legalidad que una cierta derecha chilena observa siempre y cuando no le resulte más práctico organizar un golpe de estado, muchos franceses han comprendido que en el mundo en que vivimos no basta con una embajada y otras representaciones oficiales de ésas que, por lo menos en lo que a Chile respecta, raramente tienen medios suficientes para cumplir eficazmente su misión de « insertar nuestro país en el mundo ». Por ello organizan, integran y se apoyan en los cientos de miles de coterraneos que, pese a estar lejos del territorio nacional, siguen sintiéndose parte de un país, de una sociedad y de un destino que ya no puede ser construido entre las cuatro paredes de un país rasca y acomplejado como el que ha querido construir históricamente la derecha chilena.
Ojalá que, más temprano que tarde, las fuerzas sociales y políticas verdaderamente progresistas del país, se decidan a pesar más que esos cavernarios disfrazados de gente de mundo. Que por fin pensemos en grande y entendamos que en la tarea de evitar los peligros y aprovechar las oportunidades de nuestro mundo globalizado e interdependiente, lo mejor que podemos hacer es asumir y practicar con convicción y lealtad que Chile somos Todos.
Eduardo Olivares